Aquellos diez curiosos años

Escrito por elrevisor 31-10-2014 en Historia de España. Comentarios (0)

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Excelente acercamiento a la historia social, política y económica española de la primera mitad del siglo XIX constituye el gran trabajo de Carlos Marichal que lleva por título La revolución liberal y los primeros partidos políticos en España. 1834-1844. Un estudio profundo en el que la comparación del avance del liberalismo español con el de las otras potencias europeas (especialmente Francia e Inglaterra) es una constante. El recorrido de un período revolucionario muy tenso socialmente que concluyó en 1844 con la consagración de la dictadura del partido moderado, la cual se extendió hasta 1868.

España, como país apartado de Europa tras la frontera pirenaica, presentó muchas singularidades en lo que al avance del liberalismo se refiere. Las ideas liberales tuvieron un tiempo de fructífera reflexión y madurez en el exilio impuesto por el reaccionario gobierno de Fernando VII desde 1823 hasta l833. Por una parte los liberales se ponían al día de las nuevas ideas de Europa y establecían fuertes lazos con hombres influyentes de Francia e Inglaterra, por otra en España se iba consolidando el futuro carlismo, apoyado por el clero que no aceptaba el fin de su hegemonía política y económica, el campesinado del País Vasco, Navarra, y el Maestrazgo catalán que recelaba de los nuevos planteamientos económicos y una parte de la aristocracia más reaccionaria, no solo de España sino de todo el continente. Marichal insiste en la importancia que tendría el conflicto carlista y en los intereses internacionales que en él se jugaron. Con la guerra civil emprendida en Portugal por el pretendiente Don Miguel la carlista es el único conflicto en que la nueva coyuntura económica mueve a los grupos más tradicionalistas al enfrentamiento bélico directo y abierto.

El estado de guerra llevó a María Cristina de Borbón (que para nada compartía las nuevas ideas) a pactar con los liberales, dejando a los más radicales ocupar el gobierno, caso de Mendizábal que llevó a cabo una más que necesaria desamortización de las tierras eclesiásticas. Durante la guerra que fue de 1833-1839 los liberales toman posiciones en Madrid, explotó una gran cultura de concienciación política difundida a través de una nueva prensa y se consiguió sacar adelante la Constitución de 1837, dejando de lado el Estatuto Real de 1834, fervientemente defendido por la regente.

En todo momento María Cristina actuó como la mayoría de los miembros de su familia, con mucha más ambición que inteligencia, con movimientos absolutamente irresponsables como la aprobación de una impopular ley de ayuntamientos que llevaría al motín de la granja de 1836. Carlos Marichal no se centra especialmente en las intrigas de palacio, las cuales abundan en el mucho más mediocre estudio de Carmen Llorca, Isabel II y su tiempo donde incide en la educación que recibió la hija de Fernando VII. Una educación basada en rezar, cantar y pronunciar algunas palabras en francés. La que fue reina de España entre 1843 y 1868 cometía faltas ortográficas constantes. Una delicia para manipular por parte del partido moderado. Según las estadísticas de las que se sirve Marichal en 1840 el 90% de la población era analfabeta y el sistema universitario era anacrónico. No es una burrada afirmar que la propia reina era una analfabeta funcional. Por su parte una vez más los intereses de los Borbones iban al margen de los del pueblo español, evidencia de ello fueron las prácticas corruptas de María Cristina, una de las principales fortunas del mundo.

Marichal narra muy bien los cambios ideológicos que van transcurriendo a lo largo de esos años, como la nobleza apoya el liberalismo por miedo a la gran rebelión campesina del carlismo, como el ejército pasa de ser el gran baluarte de las ideas progresistas al gran bastión de los moderados ante el hartazgo de tantos años de inestabilidad y fases revolucionarias, como por lo mismo el partido progresista se fue haciendo más conservador y como al finalizar la guerra contra los carlistas los moderados se reafirmaron en varios principios propios del Antiguo Régimen, defendiendo por ejemplo el derecho de la Iglesia Católica al diezmo.

Durante la regencia de Espartero y los anteriores gobiernos progresistas el sufragio estaba considerablemente más extendido que en Francia, numerosos derechos políticos como los de prensa y reunión eran reconocidos. España no era un país aparentemente atrasado en logros políticos, de hecho en esto era de los más avanzados, pero era evidente que ante tanto caos social el creciente enfrentamiento entre moderados y progresistas la dictadura era esperable. Se definieron a grandes rasgos dos bandos con su prensa y su apoyo armado, de los cuales los moderados de Narváez salieron como claros vencedores ante la torpeza política de Espartero, que estaba entregando el país a las garras del librecambismo inglés que destruiría la industria textil catalana. El terrible bombardeo de Barcelona de 1842 fue su sentencia. Espartero era como su predecesora en la regencia, mucho más ambicioso que inteligente. Los dos abandonaron España en barco y los dos todavía tendrían que desestabilizar la realidad política en el futuro.

El libro concluye con un análisis de la situación económica y las causas del atraso español. Una de las principales razones de este atraso fue la escasa formación de las élites, también el poco interés de los terratenientes en invertir en mejoras técnicas agrarias siendo España un país agrario. La debilidad política y de la armada hizo de una España proteccionista un caramelo para los contrabandistas ingleses, franceses y norteamericanos. El país dependió cada vez más de las importaciones, limitando esto sus posibilidades de industrializarse, además de que estaba endeudado con los banqueros de Francia e Inglaterra que habían apoyado al bando liberal en la guerra carlista. La excepción fue Cataluña, región que se industrializó enormemente y que desde la primera mitad del siglo XIX tuvo problemas de tensión social entre los trabajadores y los patronos. Barcelona fue una ciudad de enormes tensiones donde encontraron eco muchas ideas de izquierda y de republicanismo.

En conclusión La revolución liberal y los primeros partidos políticos en España. 1834-1844 es una gran radiografía de la sociedad española de la época desde una perspectiva del materialismo histórico bastante sólida y convincente a pesar de que se trate de un trabajo de los años setenta. Su principal punto flaco es el apartado cultural, si bien su estudio de la prensa de la época es correcto el autor ignora la efervescencia del radicalismo romántico, del cual muchos autores participaron activamente en la vida política y plasmaron su visión de la sociedad en su obra. Pienso por supuesto en el excelente José de Espronceda (1808-1842), políticamente muy exaltado y autor de numerosos artículos sobre la realidad política de su tiempo además de muchos poemas como 2 de mayo o A la traslación de las cenizas de Napoleón. Dejando esto de lado se trata hasta el momento del mejor libro que he leído sobre la situación política de aquellos años, quizá porque destaca grandes logros políticos momentáneos que no se suelen resaltar.