El Revisor

Historia de Portugal

Portugal en el siglo XX. La agonía de un Imperio

Escrito por elrevisor 01-09-2014 en Historia de Portugal. Comentarios (0)

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El siglo XX se traduce en fenómenos muy singulares en Portugal, país muy orgulloso de su larga tradición colonial y que empezaba el siglo con una sistema liberal débil que ni en su forma monárquica ni republicana fue capaz de hacer frente a los numerosos problemas económicos y sociales que la golpeaban. En Portugal el problema colonial fue aún más acusado que en otras potencias de Europa al considerar sus posesiones ultramarinas una cuestión firmemente identitaria, un legado de la Edad Moderna. En el siglo XX el régimen portugués se enfrentó contra los nuevos tiempos en una lucha perdida de antemano por mantener su modelo colonial. Las guerras en ultramar y el desprestigio internacional hicieron mella en el régimen salazarista, el país desembocó en la revolución del 25 de abril de mano de aquellos que más habían sufrido manteniendo el imperio, los militares. Dos manuales que sintetizan a la perfección esta época son El Portugal de Salazar de Hipólito de la Torre Gómez y La revolución de los claveles en Portugal, escrita por Josep Sánchez Cervelló.

La obra de Torre Gómez contextualiza bien la construcción del Estado Novo por parte de Salazar en 1933, cuando tanto la monarquía como la república y la consiguiente dictadura militar se habían mostrado incapaces de estabilizar el país.  Son interesantes los datos que da sobre la formación académica del dictador luso, hombre que empezó sus estudios orientado al sacerdocio y que siempre mantuvo fuertes convicciones religiosas y se inició en política en los círculos más críticos con el anticlericalismo republicano. Salazar estudió Derecho en la Universidad de Coímbra, en la cual acabó dando clases como doctor en Derecho financiero. Las semejanzas que presentó el régimen que construyó con el de Franco son importantes, pero en la jefatura del Estado español no encontramos ni de lejos a un intelectual con fuertes conocimientos académicos.

Salazar fue llamado por los militares para estabilizar la situación económica. Su éxito vino de un control exhaustivo del gasto y le dio la popularidad de la que carecían los militares. Si estos habían querido un poco mantener las formas republicanas, el nuevo modelo de Estado sería conocido como la II República con una constitución (la de 1933) que consagraba a Salazar como primer ministro perpetuo pero mantenía un modelo electoral por el que el presidente de la República sería elegido cada siete años.

El Estado Novo fue de facto una dictadura que mantuvo las formas republicanas y un acercamiento político al Reino Unido. Torre Gómez intenta responder a la pregunta de si nos encontramos con un Estado fascista. Aclara que la Alemania Nazi es la excepción al fascismo y no la regla, y que entre el Portugal de Salazar que mantiene la ilusión republicana hay bastantes similitudes con la Italia de Mussolini que respeta la legalidad monárquica. Si bien el régimen de Salazar es más acorde a una definición de autoritario antes que totalitario, no deja de ser cierto, como señala el autor, que no dejó de haber intentos de controlar la vida privada de los portugueses, algo característico de los regímenes totalitarios. Por otra parte los movimientos fascistas no tuvieron la misma fuerza que en Italia y al contrario que Mussolini (que defendía con el fascismo un  avance y una modernización de Italia para volver a ser el Imperio Romano) Salazar se presentaba como un tradicionalista defensor del colonialismo y la economía agraria. Salazar jamás habría amparado a artistas futuristas como hizo Mussolini.

En política exterior cabría hablar primero de lo referente a la Segunda Guerra Mundial. Torre Gómez insiste mucho en la habilidad de Salazar para evitar caer en la órbita de España y en evitar que esta se aliara con la Alemania de Hitler, evitando posiblemente que se repitiesen los acontecimientos de las guerras napoleónicas más de cien años antes. Su política exterior inicial le hizo pertenecer a la OTAN desde época temprana, así como ganar un primer reconocimiento de su legitimidad sobre las colonias al ser un un claro freno al comunismo. Después empezarían las guerras independentistas en las mismas y el abandono de las tropas de Goa abandonadas a su suerte ante la invasión india de 1961. No debe extrañarnos que la revolución fuese dirigida por militares que sabían que esas guerras no podían ganarse. Cervelló recuerda además que en el ejército portugués solo combatís los soldados que tenían hasta el grado de capitán, el resto del alto mando dirigía las operaciones desde posiciones seguras. Razón de más para que la moral bélica no fuese la apropiada para seguir luchando. Sánchez Cervelló hace, en mi opinión, una adecuada comparación con la guerra de Vietnam. En los años sesenta Portugal perdió población, a la vez que aumentaba el desánimo en el ejército y las presiones internacionales. Pero para cuando Marcelo Caetano (defensor de la negociación con las guerrillas) sucedió al incapacitado Salazar en 1968 ya era tarde. El mismo Caetano afirmaría que tenía las horas contadas desde el momento en que llegó.

Cervelló afirma que la revolución del 25 de abril de 1974 podría verse como una respuesta comunista al golpe del 11 de septiembre de 1973 en Chile. La revolución llevó a cabo numerosas nacionalizaciones en Portugal y el Partido Comunista ocupó el poder. La desesperación de algunos militares que no querían abandonar las colonias y de grupos políticos liberales que renegaban del comunismo llevó a una enorme tensión política en el país. El triunfo de una revolución comunista en Portugal no interesaba al resto de potencias de Europa occidental, además uno de los principales golpistas, el general Spinola, acabaría dando el 11 de marzo de 1975 un frustrado contragolpe. La situación acabaría estabilizándose y el poder se repartiría entre el Partido Socialista y el Partido Popular Democrático. Cervelló escribe: Fue bonito mientras duró.

Sánchez Cervelló se sirve de entrevistas con varios protagonistas de la revolución a la vez que incorpora varios textos y comunicados de la época en los que se expresan los dispares puntos de vista de la sociedad portuguesa. Torre Gómez presenta una visión resumida pero correcta de los diferentes problemas a los que tuvo que hacer frente el salazarismo. Dos manuales de unas cien páginas cada uno excelentes para una primera toma de contacto con el Portugal del siglo XX. Ambos pertenecen a la colección de Cuadernos de Historia.


Un repaso a la Historia de Portugal

Escrito por elrevisor 26-08-2014 en Historia de Portugal. Comentarios (0)

El vecino portugués ha ido acumulando de los siglos una Historia compleja con muchos puntos en común con la española pero también con diferencias importantes. Siempre resulta enriquecedor para el análisis de los anales españoles el echar una ojeada al desarrollo contemporáneo de Portugal, país que jugó un papel clave con el resto de reinos ibéricos en la llamada Reconquista, así como en la época de los descubrimientos de los siglos XV y XVI y la debacle de su supremacía mundial a lo largo del XVII.Historia de Portugal, publicada por José Hermano Saraiva a mediados de los años ochenta del pasado siglo, es un resumen de este devenir muy recomendable para el público español.

Sin duda el grueso de la obra son los siglos modernos, lo que iría de la conquista lusa de la ciudad de Ceuta en 1415 hasta la entrada del país en las guerras napoleónicas, acontecimiento que significó el fin de la prosperidad fruto de la gestión del marqués de Pombal durante el reinado de José I (1750-1777). Es una pena que pase tan de largo de la ocupación romana, dedicándole a un personaje tan interesante como Viriato tan solo unas pocas líneas. A pesar de esto sí que profundiza en otra seria de personajes destacables y no tan solo de la vida política. Es muy ilustrativo el retrato que hace de Afonso Henriques, primer rey de Portugal (1128-1139), genial tanto política como militarmente. La obra también resulta muy útil en cuanto a sus consideraciones sobre el desarrollo social y cultural, retrotrayéndose las enormes diferencias entre el norte y el sur a la Edad Media, época en la que el norte del país queda dominada por la burguesía de ciudades modernas como Coímbra y Oporto y el sur es repartido en latifundios entre las distintas órdenes de caballería que participaron en su conquista. La época colonial también habría impedido el desarrollo industrial al hacer mucho más rentables las exportaciones. El hecho de que los gastos de mantenimiento de dicho imperio se disparasen en poco tiempo es una de las principales causas, en opinión de Saraiva, de la decadencia de esta potencia.

Creo que uno de los puntos más fuertes del libro son sus consideraciones sobre la decadencia cultural portuguesa, desde una época realmente brillante en el reinado de Manuel el Afortunado (1495-1521) con literatos como Gil Vicente y Luis de Câmoes y grandes estilos artísticos como el manuelino  se evolucionó a un suicidio artístico en los tiempos de Juan III (1521-1557) con el predominio ideológico de la Iglesia y la Inquisición. Se impusieron la censura y la lucha contra la llegada de nuevas ideas en un país que se encontraba acorralado en un rincón de la vieja Europa, teniendo como vecina a la cada vez más reaccionaria Monarquía Hispánica. Tras esto las aportaciones portuguesas en el campo intelectual es mínimo hasta la Generación del 70 y Pessoa a finales ya del siglo XIX, una segunda edad dorada para las letras portuguesas. En el entreacto nos encontramos con una Ilustración bastante pobre hasta la llegada al poder del marqués de Pombal en 1750, auténtico hombre de Estado que fomentó la llegada de especialistas europeos y renovó el sistema educativo portugués consumada ya la expulsión de los jesuitas, orden religiosa que tenía anclada la educación siguiendo aún los principios contrarreformistas del XVI.

Podrían sacarse una serie de gigantes de la alta política portuguesa a raíz de la lectura de Saraiva; Afonso Henriques, Juan II, Pombal, Mouzinho da Silveira o el dictador Oliveira Salazar. De estos el juicio más importante que desarrolla el autor es acerca del valido del rey José I, José Carvalho. En gran parte sus formas de llegar al poder y de consolidarse en el mismo parecen más propias de dictadores de épocas posteriores, con una fuerte represión inicial e importantes golpes de efecto que desbarataron durante su época tanto a la nobleza como al clero. Sin embargo también estamos ante un hombre que frente a un monarca claramente incapaz se comportaba como un auténtico déspota ilustrado. Su reformismo haría entrar a las arcas públicas portuguesas en superávit por primera vez desde los tiempos del Afortunado, su tolerancia a las ideas relacionadas con la revolución científica y los avances en arquitectura permitirían a Portugal despertar de un largo letargo y con una política exterior inteligente y con tendencia a la neutralidad consolidaría el imperio colonial y sus rutas comerciales. Aunque no dejase de ser un dictador, además de un corrupto, fue capaz de legar una administración sólida que tan solo se derrumbaría con la invasión de Napoleón. La España de Carlos III no presentó gestores tan brillantes, aunque tampoco éticamente menos reprobables. Fue el marqués de la Ensenada (en el reinado de Fernando VI) el político con proyectos y ambiciones más parecidas, pero nunca llegó a acumular tanto poder como Pombal, personaje aún hoy polémico dentro de la historiografía portuguesa.

Es una pena que esta síntesis de la Historia portuguesa pierda tanto ímpetu en lo que se refiere al siglo XX. Si el desarrollo del constitucionalismo y el desgaste de la institución monárquica está bien explicado observamos que ya apenas señala nada de los últimos reinados de Carlos I (1889-1908) y Manuel II (1908-1910). La Primera República (1910-1926) fue un fracaso y no supuso una consolidación de ideas más democráticas, pero el libro apenas resume su transcurso, así como la dictadura militar que le puso fin en 1926 y el Estado Novo instaurado por Oliveira Salazar en 1933.

Es entendible solo por la poca distancia temporal lo poco que decide a arriesgarse a escribir sobre la época de Salazar, pero esto no deja de quitarle cierto valor a la obra. Apenas unas pocas pinceladas sobre la personalidad del dictador y una exposición rápida de sus éxitos económicos iniciales sumado a su incapacidad posterior para adaptarse a las nuevas generaciones y a los nuevos tiempos. Saraiva concluye señalando Portugal aún no ha sabido amoldarse a la democracia post salazarista, pero poco más dice de la III República, tan joven cuando se publicó este ensayo. También omite casi por completo la Revolución de los claveles. Es por tanto poco aconsejable para los interesados en la Historia más reciente del país.