El Revisor

Una consideración más bien literaria


El historiador profesional no tiende a considerar seriamente las posibilidades que ofrece la novela histórica como género literario y como medio para acceder a nuevas perspectivas de los acontecimientos pasados y de sus protagonistas. Personalmente no era un género que me atrajese especialmente hasta que excelente lecturas como Pericles el ateniense de Rex Warner, Lincoln de Gore Vidal y la más reciente Los asesinos del emperador de Santiago Posteguillo me hicieron cambiar de opinión. El pequeño ensayo de María Antonia de Miquel Como escribir una novela histórica da pie a sugerentes reflexiones sobre el potencial de la novela histórica. Mucho más interesante precisamente por reivindicar su papel a la hora de difundir conocimiento histórico que por las sencillas pautas que sugiere para redactar una.

La novela histórica siempre ha sido un hermano pequeño de la producción científica historiográfica pero no conviene despreciarla. Para empezar devuelve a la Historia el carácter literario que tuvo en sus orígenes hasta los siglos XVIII y XIX, algo en lo que insiste Miquel. Uno puede aprender mucho más con manuales, pero una buena novela histórica te hace sentir la Historia de manera diferente. No creo que la mayoría de la gente sienta nacer el interés y la curiosidad por el pasado a raíz de estos ensayos, por lo general (por lo menos en mi caso) el interés viene despertado por la novela o el cine histórico, aunque varias veces se permitan varias licencias. No quiero decir con esto que los trabajos sobre Historia sean aburridos o insípidos, solo reivindicar el carácter literario. Como muy acertadamente señaló March Bloch la Historia es poesía.

Cuando uno está preparando una novela histórica tiene que considerar cuestiones que pueden pasar desapercibidas a un historiador. Especialmente cuestiones referentes a la vida cotidiana o a la recreación de una ciudad por en la que se mueven los personajes. El género también permite una mayor libertad de invención a la hora de reconstruir escenas que no se sabe si ocurrieron pero que el buen novelista hace perfectamente plausibles A esto se añade que es mucho más cómodo acometer así la psicología de ciertos personajes históricos. He empatizado mucho más con el Pericles de Rex Warner que con el presentado en cualquier otro trabajo sobre la democracia ateniense. Insisten en el hecho de que la Historia la protagonizan personas y que siempre pueden elegir y tomar decisiones y que estas tienen sus consecuencias. Claro que siempre hay un contexto social que no se puede obviar y siempre resulta incómodo cierto presentismo moral, algo así como crearse un romano ficticio antiesclavista, ultra demócrata y feminista (como ejemplo burdo vale).

Miquel en poco más de cien páginas y con un estilo muy ligero hace un repaso del género desde que fuese creado por Walter Scott, los cambios que sufrió a lo largo del tiempo, fragmentos de las más famosas, consideraciones sobre el narrador, los personajes, la técnica literaria y el lenguaje a emplear. Esto último es bastante importante. No se puede hacer uso de un registro moderno porque chocaría con una buena recreación, pero tampoco se puede hacer hablar a los personajes en castellano antiguo si es una historia sobre la Edad Media por ejemplo. Resalta la importancia de leer los textos de la época y de saber crear un lenguaje que no entorpezca la lectura pero que ágilmente sepa introducir vocabulario y expresiones de la época. La investigación tiene que ser intensa.

Se puede intentar responder a las mismas preguntas que las planteadas por la Historia más científica. Buscar en el pasado el origen de nuestros problemas actuales y posibles soluciones o entender a determinados personajes. Aunque en mi opinión lo más importante es que no considera que el pasado deba ser reconstruido totalmente como si el conocimiento objetivo y absoluto del mismo fuese posible porque no lo es. Lo importante es la relación que establecemos con el mismo. A Alan Moore en From Hell no le interesa descubrir quien fue realmente Jack el destripador, sino hacer ver el terrible contraste que se vivía en el Londres de 1888, claramente dividido entre la zona más rica y prospera del mundo y una de las más miserables. Posiblemente lo que narra no sucedió jamás, pero no deja de ser una excelente recreación de la vida victoriana a finales del siglo XIX.

Tras esta apología de la novela histórica no puedo obviar que la mayoría de las que copan a día de hoy el mercado son literariamente muy deficientes. Leída una novela de Valerio Massimo Manfredi leídas todas. Si las mejores novelas históricas vinieron dadas de la renovación del género en el período de entreguerras quizá sea hora de reflexionar si no ha quedado ya totalmente agotado. Las hay excelentes sin duda, pero por lo general ni siquiera aspiran a ser más que un mero entretenimiento.


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