El Revisor

Frustradas memorias de África

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Manuel Iradier Bulfy (1854-1911) fue sin duda uno de los grandes intelectuales de la España decimonónica, garantizando un mayor entendimiento de África con su excepcional obra África. Viajes y trabajos de la Asociación Eúskara La Exploradora. Resultó también clave en la consolidación en las tierras del Golfo de Guinea de una colonia española, en pleno reparto del continente negro. Este explorador vitoriano que viajó a la isla de Fernando Poo con veinte años recién cumplidos y que hizo aportaciones importantes en lo que se refiere a la geografía del territorio, y análisis antropológicos de primera magnitud, fue objeto de marginación en su tiempo y de olvido por parte de las generaciones siguientes. Las biografías a las que he tenido acceso son un rotundo fracaso, hablo de la redactada por Ricardo Majó Framis en 1954, Las generosas y primitivas empresas de Manuel Iradier Bulfy en la Guinea española. El hombre y sus hechos y de la más reciente de Ángel Martínez Salazar, Manuel Iradier. Las azarosas empresas de un explorador de quimeras.

El desinterés y la apatía siempre han sido sentimientos muy presentes en las relaciones que España ha establecido con lo que hoy es la Guinea Ecuatorial. En la época colonial apenas fue objeto de interés para los distintos gobiernos hasta que en el año 1898 España fue definitivamente desplazada de América, siendo pues esa pequeña colonia perdida en el África una de sus últimas posesiones de ultramar. Pero no se vio nunca a Guinea como una extensión de España, solo era una colonia en el sentido más estricto. Sus habitantes eran súbditos del Estado español, no ciudadanos, y el régimen constitucional (cuando lo había en la península) no afectaba a esta población. Como país independiente, no parece suscitar un gran interés entre los españoles, a pesar de ser la única zona de África donde el español es el idioma oficial.

Cuando nos referimos a la colonización de Guinea  hablamos de una parte de la historia de España que genera poco interés, exactamente el mismo que generó cuando se estaba produciendo. En el momento en que Manuel Iradier realizó sus expediciones al país muy pocos en la península se dieron cuenta de lo que estaba pasando, especialmente con la realizada a mediados de la década de 1870. Ambas expediciones contaron con muy poco apoyo estatal, pues Antonio Cánovas del Castillo no quería saber nada de arriesgadas aventuras en el extranjero, y era el hombre fuerte de la España de finales de siglo. Hablamos de un proyecto que salió adelante en gran parte por el impulso personal de Iradier, ferviente admirador de las aventuras de Henry Morton Stanley, con quien mantuvo una entrevista en Vitoria en junio de 1873.

Las aportaciones intelectuales y políticas de Iradier no fueron reconocidas en vida. Sus viajes a África mermaron seriamente su salud además de arruinarlo económicamente. Su vida está plagada de desgracias familiares, con una hija muerta de fiebre en Fernando Poo, suicidios y el fracaso de su matrimonio. A esto se sumaron los fracasos de todas y cada una de las actividades empresariales que emprendió y la desagradable disputa que mantuvo con el doctor asturiano y compañero de su segundo viaje, Amado Osorio y Zavala.

Desgraciadamente las biografías a las que me he referido inciden bastante más en estas vicisitudes de su vida que en lo que realmente supusieron sus expediciones. De estas prácticamente se limitan a una pobre reescritura de sus trabajos. Iradier no fue objeto de interés hasta que en el franquismo se produjo una nueva obesesión por África y por sus posibilidades políticas, por lo que se aprovechó el centenario de su nacimiento (1954) para celebrar una serie de conferencias en Madrid y Vitoria. En dichas conferencias se procedió a analizar su vida como un gran cúmulo de inmerecidas desgracias y se le dibujó como a un abnegado patriota que lo había hecho todo por España. España habría quedado apartada del reparto del continente negro por la ineptitud y cobardía de algunos políticos y por la maldad de sus vecinos europeos. Manuel Iradier quedó como un mártir y los análisis sobre la formación de la Guinea española resultaban horriblemente pobres.

Las biografías de Framis y Salazar son fieles a este espíritu, aunque la de Framis está cargada de comentarios racistas y chauvinistas de una manera obscena. De dichos comentarios se encuentra depurada la de Salazar, que aunque hace una reseña biográfica interesante de la vida de Amado Osorio (extravagante personaje que era vegetariano y dormía vestido y de quien no he hallado hasta el momento ningún estudio sobre su vida) se puede definir como un lamento constante por las dificultades que marcaron la vida del vitoriano. Hasta ahora el autor con el que mejor he comprendido a Iradier ha sido José Antonio Rodríguez Esteban, en su Geografía y colonialismo. La sociedad geográfica de Madrid (1876-1936).

Iradier y las sociedades geográficas fueron claves a la hora de introducir a España en el reparto del continente africano. Las importantes crisis internas del país no le permitían soñar con ambiciosos planes de expansión colonial, por lo que la colonización de Guinea fue en gran parte una empresa privada. De la gestión española poco bueno hay que decir, pero la obra de Iradier es una joya de la antropología. Hablamos de un personaje que está a la altura de sus contemporáneos Stanley, Pierre de Brazza y Henry Livingstone. Explorador del África y gran intelectual, Framis y Salazar han  sido incapaces de contextualizarle como se merece.


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