El Revisor

Hagiografía de un intelectual

1401552202_jovellanos-el-patriota-9788467027563.jpg

La biografía de Manuel Fernández Álvarez acerca de Melchor Gaspar de Jovellanos (1744-1811) ya lo dice todo con su título,Jovellanos, el patriota. Texto de 2001 que parece redactado hace más de sesenta años y que solo está bien para conocer un par de datos sobre la vida del ilustrado gijonés, pero que por lo demás es enormemente condescendiente.

Jovellanos, el patriotano no profundiza en absoluto en lo que era España durante la segunda mitad del siglo XVIII, limitándose a repetir un par de clichés sobre el reinado del "buen rey Carlos III". Insiste en que entre el reinado de Carlos III (1759-1788) y el de Carlos IV (1788-1808) hubo un brusco cambio en la orientación política, algo que carece de sentido si se estudia el gabinete ministerial conformado por Manuel Godoy, ocupando el propio Jovellanos la cartera de Gracia y Justicia. La mayor parte de los cambios consecuencia del miedo a la Revolución Francesa se habrían impuesto igualmente con Carlos III, como evidencia la actitud de Floridablanca (ministro todopoderoso con dicho rey) en la frontera pirenaica.

La biografía no deja de ser también totalmente injusta con Manuel Godoy. Es cierto que era un advenedizo, como muchos de los principales ministros del siglo (Ripperdá y Alberoni con Felipe V o el propio Floridablanca con Carlos III son buenos ejemplos de ello), pero como recuerda John Lynch, Godoy solo se consagró cuando se hizo evidente que los políticos de la época anterior no sabían reaccionar ante la nueva situación que se vivía en Europa. Godoy practicó en exceso el nepotismo, pero no era más corrupto que la mayoría de sus predecesores. Fernández Álvarez también obvia el impulso que Jovellanos recibió del nuevo favorito para publicar su Informe sobre la ley agraria.

Una buena biografía de este intelectual debería haber insistido más en la esencia de la Ilustración española, sobre todo en la caída en desgracia del probablemente pensador español más radical del siglo de las luces, Pablo de Olavide, condenado como hereje por el tribunal de la Inquisición en plena época carlostercerista. También en los efectos que tuvo en el panorama educativo la expulsión de los jesuitas en 1767 y el sistema endogámico que triunfaba en los colegios medios y mayores de toda España.  En vez de eso tenemos una visión bastante amable y, sobretodo, tergiversada de la situación del país en aquella época. Una concepción en la que el poder regio prácticamente carece de responsabilidades en lo que a las crisis y fracasos se refiere. Cuando habla de los males del campo a raíz de la redacción del Informe de la ley agrariano no los relaciona con el fracaso de la administración borbónica a lo largo de todo el siglo.

En La España de la Ilustración (1700-1833)los historiadores franceses Jean-Pierre Amalric y Lucienne Domergue consideran a Jovellanos el intelectual más importante de todo el siglo XVIII, resaltando la repercusión de su pensamiento, que no de su obra política. Ciertamente nunca gozó de gran poder político. Aunque también es muy interesante todo su ascenso por la carrera judicial, Manuel Fernández Álvarez pierde otra oportunidad de oro para evidenciar un sistema judicial que era totalmente injusto y anticuado, además de sumamente cruel. Esto no le impide horrorizarse por los excesos de la Revolución Francesa, cuando los sistemas de gobierno borbónicos fueron más salvajes en el uso de la justicia en muchas ocasiones (solo recordar la salvaje represión que Carlos III impuso en América tras la rebelión de Tupac Amaru en 1781)

La actitud de Jovellanos ante los acontecimientos que estallaron en Francia en 1789 es muy interesante. Admirador del modelo político inglés y de la Constitución francesa de 1791, aunque enemigo radical de alcanzar esos logros mediante la violencia de una revolución. Manuel Fernández Álvarez incluso muestra algunos fragmentos de cartas en los que el gijonés llega a considerar que el modelo republicano podía llegar a aplicarse si llegaba el momento. Sin duda una de las consideraciones más lúcidas de Jovellanos sobre la nueva situación internacional fue el ver inmediatamente en Napoleón Bonaparte a un tirano y a un dictador.

Jovellanos sería víctima de intrigas políticas y del exilio (como muchas otras figuras importantes del momento, caso del Conde de Aranda). Recluido en Bellver a comienzos del siglo XIX para luego ser liberado con el ascenso al trono de Fernando VII. Renunció a participar en el gobierno de José I. Esta es la peor parte de la biografía de Fernández Álvarez, señalando que se decidió a luchar por la libertad y que no podía aceptar el constitucionalismo y el nuevo régimen liberal si venía de mano de un régimen extranjero. No cuestiono aquí la integridad política de Melchor Gaspar de Jovellanos, pero sí el nacionalismo rancio del biógrafo, quien solo ve en su biografiado a un justo y honesto patriota, un modelo cívico a seguir. Se encuentra muy cómodo escribiendo sobre alguien que legitimaba al régimen borbónico con planteamientos reformistas. Los Borbones perdieron toda legitimidad al regalar España a Napoleón.

El gobierno importado de Francia era una gran mentira (solo hay que ver las notas al pie de Napoleón a su edición de El príncipede Maquiavelo para ver hasta qué punto traicionaba todos los logros de la Revolución Francesa), pero el nuevo gobierno liberal no carecía tampoco de grandes contradicciones, al jurar lealtad a un rey cuya correspondencia con el emperador francés evidencia un total desentendimiento de los acontecimientos que tenían lugar en España.

Rafael Sánchez Mantero muestra en su biografía del rey felón (también del año 2001), la total desconexión entre los principios liberales promulgados en Cádiz en 1812 y las aspiraciones del pueblo español en ese momento, que solo ansiaba echar a los franceses, acabar con la guerra y volver a la normalidad. Esto se volvería a repetir con el trienio liberal (1820-1823), cuando las masas campesinas se opusieron de nuevo radicalmente a los cambios. Se trataba de un liberalismo para propietarios que no les beneficiaba más que el modelo previo. Aunque sería injusto no reconocer sus logros, como el poner fin a la Inquisición y el declarar numerosas libertades.

La de Jovellanos es la vida de un intelectual que observa atentamente los núcleos de poder, cultura, justicia y economía en un siglo muy duro y complejo que precede a una época revolucionaria. Sin duda una buena biografía debe ser también un excelente trabajo sobre la España dieciochesca en todos sus campos. La de Manuel Fernández Álvarez no es esa biografía. Es un trabajo horrible y en absoluto recomendable.


Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: